La imagen en Nuevo Orden: el feminismo desde el lente privilegiado

La imagen en Nuevo Orden: el feminismo desde el lente privilegiado

En México y Latinoamérica el movimiento feminista ha cobrado fuerza y terreno, causando polémica y opiniones opuestas. Las manifestaciones feministas del país comúnmente son criticadas e incluso criminalizadas debido a la presencia de acción directa en espacios públicos con el respaldo de la iconoclasia -alteración de monumentos, estatuas y demás espacios públicos a modo de protesta para visibilizar la problemática de la violencia hacia las mujeres-. 

Lo que sucede en las marchas feministas no es vandalismo ni muestra de poder, sino una búsqueda de resignificación y atención a las exigencias de justicia y seguridad mediante los espacios públicos, buscando un mayor impacto y una concientización masiva.

La película mexicana Nuevo orden (2020), dirigida y escrita por Michel Franco, también fue recibida con opiniones y críticas divididas por su narrativa, incluso por comentarios del propio director. 

El largometraje transcurre en Ciudad de México en 2021, donde la desigualdad social se encuentra contrastada. La cinta comienza en la fiesta de una familia clase alta, cuando un grupo de “manifestantes” irrumpen armados al lugar para robar, asesinar y tomar rehenes de la celebración.

La narrativa visual estigmatizante 

El elemento del filme que destaca para este análisis es la narrativa visual que envuelve a los manifestantes: su color de piel, la manera en la que actúan, como ejercen su protesta, los colores y consignas que utilizan mientras realizan acción directa en espacios públicos. 

Toda la imagen que representa a este grupo (en teoría, víctima de las desigualdades sistemáticas en México) tiene similitudes y referencias directas a las manifestaciones feministas en varios estados del país: el color verde, las consignas, las pintas, el discurso sociopolítico. 

Sin embargo, la cinta cae en la criminalización y revictimización de esta protesta social; más que representar una lucha que se consideraría válida y necesaria, presenta un resentimiento que culmina en actos violentos, asesinatos y tortura, incluso con una perspectiva misógina.

El uso de ciertos elementos visuales -el color verde, la piel morena y las consignas que gritan o pintan- de forma intencional o no, produce una asociación por parte del espectador hacia las manifestaciones feministas que se llevan a cabo en México, y sumando este tipo de narrativas a la opinión pública, causa aún más revictimización y estigmatización hacia las exigencias en contra de la violencia de género. 

La imagen de esta cinta propone algo contundente: las víctimas sistemáticas que protestan en realidad buscan una posición de poder para convertirse en victimarias. Las personas pobres, morenas y las mujeres, ya estigmatizadas por su posición sociocultural, se presentan como individuos que rayan en la barbarie. No hay una crítica social sino un señalamiento despectivo hacia las acciones feministas en espacios públicos y demás movimientos sociales de acción.

Según Jacques Aumont (1992) en La imagen, todo lo que se ve en un filme es parte de una configuración que se realiza justo para ser vista y recibida por el espectador. Además el espectador se relaciona con la imagen a partir de sus saberes, afectos y creencias, también interviene su clase social, época y cultura. Incluso el espectador reconoce la imagen al mismo tiempo que las relaciona con algún elemento de la realidad mediante características como los colores o las formas.

De aquí viene el problema con la imagen en Nuevo Orden, considerando el contexto sociocultural en el que surge, con el movimiento feminista tomando acción en todo el país, esta relación visual entre la película y el movimiento puede propiciar que el espectador asocie la violencia del filme (que raya en el terrorismo) con las protestas feministas; no porque ejerzan el mismo tipo de acciones, sino por la similitud pictórica (el color verde de la Marea Verde, las consignas como “Ni una más”, la toma del espacio público).

De acuerdo a Sorlin (1985) en la Sociología del cine, todo lo que compone la cinta transmite representaciones y arquetipos socioculturales, la imagen de la película juega un papel crucial en el aspecto ideológico; se muestra no lo que se ve, sino lo que se quiere mostrar. Por lo tanto, es posible llegar a la conclusión de que el director de Nuevo orden sí obtuvo influencias visuales de las marchas feministas para su película, esto por sí mismo ya es un elemento subjetivo e ideológico: una selección y decisión tomada.

Male gaze: la perspectiva patriarcal del privilegio blanco y masculino 

Otro elemento que interviene en la narrativa visual de Nuevo Orden, es la evidente mirada masculina e imperial/colonial con que se representa a los “manifestantes”: personas precarizadas de piel morena. 

Kaplan (1997) propone que esta mirada tiene sus propias herramientas semióticas para ejercer su poder y vulnerar, en Nuevo Orden se hace a través de la animalización y sexualización de las personas vulnerables. 

La animalización del grupo que ejerce acción directa -morenos, clase baja- aparentemente exigiendo justicia pero ejerciendo violencias poco fundamentadas en la narrativa; también la sexualización de las mujeres, mostrando largas escenas de desnudez con abuso sexual y degradación cosa que con los personajes masculinos solo sucedió una vez (estos abusos ejercidos por los militares, igualmente representados como morenos y precarizados, manteniendo la mirada imperial).

Se mantiene la jerarquización de quién es más vulnerable, incluso dentro del grupo vulnerable: las mujeres fueron puestas en momentos visuales de más degradación y violencia que los hombres. Así se hace presente tanto la mirada masculina como la mirada imperial y colonial del director; señalando como inferiores en dignidad a las mujeres y estigmatizando a través de la barbarie a las personas morenas y pobres.

Criminalización de la iconoclasia feminista 

La crítica sobre la cinta ya ha abordado las fallas narrativas e incluso esta mirada imperial, aunque poco se ha hablado del peligro que representa para la legitimidad del movimiento feminista y las marchas. 

Daniela Cerva (2020) realizó un análisis de las reacciones negativas ante el feminismo, tanto de respuestas institucionales como en redes sociales. Cerva expone la criminalización de las protestas feministas mediante el discurso que deslegitima a través del gaslight; en la película se estigmatiza a través de la imagen: la asociación del color con la Marea Verde, la intervención a obras de arte, la acción directa, la toma en espacios públicos y las pintas con mensajes (“Ni una menos”, “la policía no me cuida”, “muerte al macho”).

La película utiliza todos estos elementos visuales para señalar el peligro que supone o supondría que grupos vulnerables sistémicamente (los pobres o las mujeres) salgan a las calles a exigir justicia. No porque esta sea la realidad, sino porque Franco expone que no hay luchas válidas, que “no son formas”, que es barbarie y que estas protestas en las calles para exigir justicia son comparables a dejar atrás cientos de cuerpos de mujeres y niños baleados sobre Reforma. 

La imagen del filme es clara y muy lejos de ser una propuesta progresista es más bien lo contrario, una afirmación conservadora de que todo debería quedarse como está.

 Referencias

Aumont, J. (1992). La imagen. Paidós.

Cerva, D. (2020). “La protesta feminista en México. La misoginia en el discurso institucional y en las redes sociodigitales.” Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, 65(240), 177-205.

Kaplan, A. (2000). » Hollywood, ciencia y cine: La mirada imperial y la mirada masculina en las películas clásicas». Capítulo 3 Looking For the other. Feminism, FiIm and the imperial gaze. Londres. Routledge. 1997. CIC. Cuadernos de Información y Comunicación, (5), 39-65.

Sorlin, P. (1985). Sociología del cine. La apertura para la historia de mañana. Fondo de cultura económica.

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