El cachetadón con Bakrdí Blanco

Entré por una cubita a una cantina meada y Los Hitters me regresaron de un putazo a mi infancia.

“Que mas puedo hacer / si todos mis sueños se fueron / pienso que no puede ser y que tienes que volver…” – Ahora estoy solo (1998) – Los Hitters

Por Mamado Nervo / #TheWatcher 

¡Ay, ay, ay, ay! 

Ya les extrañaba. Por un tiempo estaba convencido de que no volveríamos a contactarnos. Han pasado tantas cosas, taaantiiisiiimas cosas que no puedo retroceder y hacer un recap

Hace unos días me di un trip bien denso en una cantina vieja y meada del centro de la Ciudad de México, entre rucos, Bacardí, Marlboro Rojo y de fondo una banda de la tercera edad tocando covers de rolas de The Doors, The Beatles, Elvis, Chuck Berry, Stray Cats y hasta de Three Souls In My Mind (el Tri).

Tomás, el cantinero, me dijo mientras me preparaba mi cubita:

– Esta cantina… estás chavo… tiene, bueno, va a cumplir noventa años la próxima semana. Yo tengo un grupo. Canto. Tengo, bueno, estoy en un grupo y vamos a tocar. Vente a las siete, se pone bueno. A ver. Pruébala. ¡Eso! Tomás, para servirte.

Ya que dejó de hablar -y escupir- mientras le daba vueltas a mi cubeibi con un palito de dudosa higiene, pude darle un trago y prestar atención a lo que decía en letras blancas en el bombo de la batería: The Hitters.

¡Asumáquina!

¡Los Hitters!

Grité en mi cabeza porque conecté con un recuerdo muy bello de mi infancia. Porque es mía. No sé si ustedes reconozcan a esta agrupación que data de por ahí de 1964, pero yo sí. Tienen una canción muy famosilla: Un hombre respetable.

Mi padre solía tocarla en la guitarra cuando mi carnal y yo éramos unos plebes. Fue por obvias razones la primera canción que aprendí a tocar, para tocarla con mi jefe.

Entonces, ya entrado en alcoholes, se me ocurre la brillante idea de poner a prueba a estos supuestos Hitters.

-¡A ver, si es cierto que son los Hitters, tóquense la del hombre respetable!

Pues que me dan un cachetadón con guante blanco, como dicen los cñores. 

Casi chillo del momento tan chingón.

Después del desconecte, pensé en la era dorada del rock and roll en México, cuando era clandestino, prohibido, sinónimo de juventud, resistencia y lucha. Los cuatro músicos de edad avanzada rockeaban como si estuvieran tocando en un hoyo funky, ignorando que las huestes de Díaz Ordaz y Echeverría los querían exterminar.

Y ya.

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