El soldado Ran Gvili, volvió a israel 843 días despues –26 de enero de 2026– de ser secuestrado por Hamás, fue el último rehén en regresar a Israel
Por Atzayacatl Cabrera
“Allá donde vamos no se vayan a espantar si se escuchan explosiones. No son petardos de Navidad, son explosiones reales. No olviden que estamos en guerra”, nos dijo Matías, uno de los guías que nos acompañó ese martes 27 de mayo de 2025 a visitar el Memorial del Festival Nova, en la zona boscosa de Re’im, Israel.
La advertencia no fue un despropósito. Unos veinte minutos después de que llegamos al memorial se escuchó el primer estruendo. A través del viento se replicó un eco craquelado y en las plantas de los pies se sintió el cimbrar de una explosión cercana.
Matías nos miró nuevamente y nos repitió que no nos espantáramos. Era evidente que había notado el asombro en el rostro de algunos. “Aquí estamos seguros. Hay decenas de refugios que se instalaron después del 7 de octubre de 2023”, agregó el guía.
Después de esa primera explosión que escuchamos aquel día, las siguientes se hicieron constantes, aunque no menos sorpresivas. Algunas detonaciones eran más aisladas que otras; unas, más cercanas entre sí. Pero el sonido era el mismo: un estallido que se replicaba a través del viento y el suelo vibrando con cada explosión.
Reporteros y turistas
Entre nosotros —un grupo de periodistas mexicanos— no era común escuchar ese tipo de estruendos, pese a que vivimos en un país que desde hace casi veinte años se bate en una guerra interna contra grupos del narcotráfico.
Los visitantes locales, entre quienes había una veintena de militares uniformados, no mostraban gesto alguno: no se inmutaban ni evidenciaban sorpresa o preocupación.
Los rostros de los soldados eran de absoluta indiferencia. Los israelíes paseaban por el memorial dejando entrever otras emociones que podían resumirse en coraje, indignación y odio —hacia los palestinos—.
Desde la zona donde estábamos nos decían que nos encontrábamos a unos dos kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza, el reducido territorio palestino que desde el 7 de octubre sufre un asedio incesante por parte del ejército israelí.
A doce kilómetros del genocidio
Utilicé Google Maps e identifiqué que nos encontrábamos a doce kilómetros lineales de la ciudad de Gaza —una metrópoli que actualmente se encuentra completamente en ruinas— y a veinticuatro kilómetros de Rafah.
Tan cerca y tan lejos de la línea de fuego.
El calor se sentía intenso, más seco que húmedo, y según el sistema de monitoreo climático de Google apenas estábamos a 23 grados Celsius.
Recorrimos decenas de fotografías de las víctimas: algunas de ellas masacradas durante el festival; otras, secuestradas.
Un día antes habíamos estado al norte de Israel, en la ciudad de Haifa. Ahí escuchamos aviones de guerra pasar, probablemente rumbo a Líbano, otro país en conflicto con Israel.
El sonido de los aviones en mi cabeza se mezclaba con las explosiones cercanas. Identifiqué también el graznido de los cuervos escondidos entre los árboles. Me fue imposible no recordar los versos del poeta palestino Marwan Makhoul:
“In order for me to write poetry that isn’t political
I must listen to the birds
and in order to hear the birds
the warplanes must be silent”.
Una traducción de este poema sería:
“Me ordenaron escribir poesía que no hable de política;
tengo que escuchar a los pájaros.
Para cumplir la orden de escuchar a los pájaros,
los aviones de guerra tienen que estar en silencio”.
Del sitio de la masacre a un memorial para el turismo
Al día siguiente, 28 de mayo, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu —buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad— dijo ante el Knéset, el Parlamento israelí, que habían capturado a uno de los líderes del grupo terrorista Hamás, Mohammed Sinwar.
Ese día estábamos a dos semanas de que iniciara el asedio mutuo entre Irán e Israel, la llamada guerra de los doce días.
El Festival Musical Nova fue un evento de música electrónica que se realizó entre el 6 y el 7 de octubre de 2023 en la zona boscosa de Re’im, una localidad al sur de Israel y cercana a la Franja de Gaza.
Fue uno de los lugares atacados por Hamás el 7 de octubre cuando, según la versión israelí, el grupo terrorista vulneró más de un centenar de puntos fronterizos y logró ingresar a territorio israelí.
Pese a contar con uno de los ejércitos con mayor poder e inteligencia del mundo, el error habría sido humano, señalan hasta la fecha funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel y portavoces de su ejército.
De acuerdo con cifras oficiales israelíes, cerca de mil 200 personas fueron asesinadas ese día y otras 250, secuestradas. De esas víctimas, 358 personas dieron su último respiro en el Festival Nova o en sus inmediaciones, y otras 40 fueron sustraídas del lugar.
Al llegar al sitio, un anuncio impreso en una lona colgada en el muro de un refugio antibombas alerta:
“Estás en el sitio Nova. Ten en cuenta que esta área está bajo la amenaza de cohetes. El tiempo disponible para llegar a un refugio aquí es de 15 segundos. Asegúrate de seguir las siguientes pautas: si recibes una alerta, acuéstate en el suelo y protégete la cabeza con las manos durante 10 minutos. Mantente alerta y atento a las instrucciones proporcionadas por las fuerzas de seguridad en el sitio”.
En el memorial, así como en la carretera junto a los paraderos de autobuses, predominan los refugios: una especie de cuartos pequeños, de unos tres metros de largo por seis de ancho, con muros de concreto más gruesos que la palma de una mano extendida, de entre 30 y 40 centímetros de grosor.
No éramos los únicos en el lugar. A nuestra llegada había grupos de personas que seguían a sus respectivos guías, quienes les narraban la historia del 7 de octubre en el Nova.
El ataque en el Nova
En una pequeña llanura en medio del bosque, donde se encontraba el escenario principal del festival, se erigen cientos de fotografías de las personas que asistieron al evento y fueron víctimas del ataque terrorista.
Sus rostros, colocados en lo alto de estacas de un metro y medio, se acompañan de fragmentos de sus historias de vida. Algunos tienen objetos personales que sus familiares, amigos o conocidos han dejado como ofrenda para recordarles.
Entre las fotografías resalta una para quienes vivimos en México: la de Orión Hernández, un connacional.
Fue uno de los secuestrados y su cuerpo fue rescatado en mayo de 2024 de la Franja de Gaza. Cerca de su imagen también está la de Shani Louk, su novia y otra de las víctimas.
Los guías cuentan que desde el 7 de octubre a la fecha Hamás ha lanzado más de seis mil cohetes contra Israel, de los cuales más de cuatro mil fueron disparados ese mismo día, cuando también incursionaron por tierra, mar y aire.
La respuesta israelí, en cambio, ha sido más siniestra y, a casi dos años, ya no se limita a balas y misiles: incluye el bloqueo de servicios básicos como alimentos y atención médica.
Todos quienes se encontraban en el concierto estuvieron expuestos a ser atacados, incluso en las zonas de bar y quienes se refugiaron en los contenedores de basura.

El pequeño bar: complejo de fiestas hongo
“El hongo” es una cabaña habilitada como bar durante el concierto. Permanece en su sitio, con el interior destruido y una especie de performance permanente: refrigeradores tirados y sangre embarrada en mesas y suelo.
Los contenedores de basura, ahora vacíos, fueron adaptados como puntos de referencia para los visitantes del memorial.
El último inbox
En su interior hay fotografías de quienes se escondieron ahí y aun así murieron al ser encontrados por los terroristas.
También se exhiben capturas de pantalla con las últimas conversaciones que sostuvieron los asistentes con sus familiares o amigos.
—¿Y tú qué?, escribió Maya Beaton a las 9:12 a.m. del 7 de octubre.
—Estamos escondidos en un contenedor (de basura), respondió Eliran.
—¿Cómo estás? ¿Hay muchos soldados ahí?
—Nos están disparando. Hay tanques afuera, no vemos.
—Situación estresante. Me muero porque vengas a casa. ¿Qué más haces ahí?
—Están fuera del contenedor.
—Terroristas infiltrados en Israel.
—*
—Estoy muy nerviosa. ¿Cómo estás? ¿Te pasó algo?
—Seguimos en la misma situación, escribió Maya a las 9:51 a.m., su último mensaje.
—No te muevas. No te levantes en absoluto. No dejamos de orar, respondió a la misma hora.
A las 11:42 de la mañana y a las 19:34 de la tarde, Eliran volvió a escribirle a Maya, pero no hubo más respuesta.
En otra conversación, entre Amit y Sharon, se lee:
—¿Qué está pasando?, pregunta Sharon a las 8:45 a.m.
—Me estoy escondiendo, responde Amit a las 8:51.
—??
—Sharon, nos están disparando.
—¿Hay un ejército ahí?, insiste Sharon cuatro minutos después.
—Apenas.
—¿Y tú?, escribe Sharon a las 9:18.
Sin respuesta, a las 10:44 escribe nuevamente: “¿Qué pasa? Responde y di que todo está bien”. Casi una hora después vuelve a escribir: “¿Por favor????”.
—Ahora sí. Me estoy escondiendo, pero aquí Hamas ganó, literalmente, responde Amit a las 11:30.
—¿Estás bien?, se lee en un antepenúltimo mensaje.
—No. En un segundo estarán sobre nosotros, responde a las 11:40.
—¿Qué está pasando?…???
Y ya no hubo respuesta.
“Tour Memorial Festival Nova”
Mientras el sitio de la masacre fue habilitado como memorial para preservar la memoria de cientos de víctimas que perecieron ese día, la guerra se mantiene viva en la Franja.
En apenas media hora de recorrido por el memorial, las explosiones fueron incesantes y, a unos kilómetros, se percibió el estruendo de más de una decena de detonaciones.
“Han escuchado recién algunas explosiones. No quiero decir que necesariamente sean bombas; son explosiones propias del conflicto. Nosotros nos encontramos aquí, en el bosque de Re’im, donde fue la fiesta de Nova, y estamos aproximadamente a cuatro kilómetros de la Franja de Gaza”, explica Matías, un argentino-israelí que se dedica a la guía de turistas.
“Es una zona que, si bien es segura —por eso pudimos llegar—, sigue en conflicto entre el grupo terrorista Hamás y el Estado de Israel. Al estar tan cerca, las explosiones se sienten y se viven muy, muy cerca. Por eso no quiero decir de qué fueron o quién las generó, pero sí sabemos que es un sonido recurrente para quienes venimos aquí con frecuencia”, agrega.
—¿Se podría calificar como turismo de guerra? —pregunta este reportero.
“No sé si llamarlo turismo de guerra o interés cultural. Hay mucha gente que se interesa en venir aquí para ver lo que ocurrió, porque es algo sumamente actual, así como se visita otros lugares del mundo donde hubo conflictos, atentados o diferentes problemáticas. También hay quienes vienen por temas culturales o por curiosidad”, responde.
Para hacer turismo de guerra basta con buscar en internet “Tour Memorial Festival Nova”. Aparecen decenas de recorridos turísticos desde portales como Expedia, Bein Harim Tours, Billboard, GetYourGuide, Tripadvisor, Exclusive Israel Tours, entre muchos otros.
Bring Them Home Now: casi dos años de los secuestrados… y genocidio
Desde que llegamos a Israel —el domingo 25 de mayo de 2025— se percibe el nacionalismo del pueblo judío en todos lados, con miles de banderas blancas con franjas celestes y la estrella de David en el centro de los blasones.
Pero al observar con mayor detenimiento también se distingue el coraje y la memoria en otro símbolo: un listón amarillo que los locales portan en todas partes.
Se trata de un símbolo que surgió durante la Guerra de Secesión estadounidense (1861–1865), que enfrentó a los unionistas del norte con los confederados del sur.
En medio de ese conflicto se popularizó una canción: Tie a Yellow Ribbon Round the Ole Oak Tree, que relata la historia de un joven que parte a la guerra y pide a su familia amarrar una cinta amarilla en un roble hasta su regreso.
El listón amarillo ha sido adoptado por el pueblo israelí bajo el movimiento Bring Them Home Now, mediante el cual las familias de las personas secuestradas el 7 de octubre exigen un alto al fuego y el regreso de sus seres queridos.