Qué manera de terminar el viernes: plantado, sin feria y con frío…sentado en la barra del Santa Leyenda. ¡Ah, pinche vieja! Sabía que me iba a quedar mal, ni una cheve me compró. Apenas se estaba poniendo chingón el ambiente y ya tenía que irme…
Atravieso los pasillos de la noche,
y no son más silenciosas las calles,
que los transitorios días.
Somos…
¡Bienvenida!
Bienvenida a la herida
vórtice de despedida que mata
déjame dar mi último grito de agonía en silencio.