Pornomiseria: imágenes de gente empobrecida para gente privilegiada

Foto de Denniz Futalan en Pexels

Pornomiseria: imágenes de gente empobrecida para gente privilegiada

Por Sandra Muñoz

Soy de las personas que piensa que en todos lados hay algo bello, por eso es que me gusta la fotografía. Me permite compartir con el mundo la mirada con la que percibo mi cotidianidad y con la que encuentro cosas bellas alrededor.

Sin embargo, pese a pensar que hay belleza alrededor, una de mis mayores preocupaciones al momento de tener una cámara en mis manos es el retratar escenas de miseria. 

¿Qué tiene de malo sí es la realidad que me rodea? La miseria de lxs demás es fácil de mercantilizar, es pornomiseria.

Para nadie es un secreto el que vivimos en una época en la que los likes y la aprobación externa son tan deseados como el dinero y que por ello se hace hasta lo imposible.

Mostrar la realidad que nos rodea no está mal, al contrario. Sin embargo es necesario tener presente que la línea entre el morbo y la denuncia a veces es muy delgada. 

Este texto viene desde el descontento al ver imágenes de personas dormidas en la banqueta, imágenes que no están ni cerca de ser imágenes bellas o conmovedoras.

Son imágenes que buscan ser más de lo que en realidad son. La otredad no está a nuestra disposición para lucrar con ella desde una mirada privilegiada. Y es que, a final de cuentas, ¿quién va a terminar consumiendo esas imágenes? ¿Qué impacto va a generar más allá de que yo fotografx reciba un like? 

Tener una cámara, ya sea de foto o de video, implica una gran responsabilidad aunque a simple vista no lo parezca. Al menos desde mi perspectiva una cámara me permite acceder a personas, historias y rincones a los que sin ella difícilmente se podría llegar. 

Debemos ser agradecidxs con lo que se nos permite retratar y tener presente que más allá de la documentación o cualquier otro discurso bajo el cual sustentemos nuestro trabajo tenemos una responsabilidad ética y moral. 

Una cámara en mano no nos exime de caer en la perpetuación de la pobreza como un objeto de consumo. 

Cuestionemos las imágenes que producimos y que consumimos. 

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