La malilla en tiempos malos

Foto de Enrique Martínez

La malilla en tiempos malos

Suficiente tenemos con aguantar la malilla en los tiempos malos, cuando todo se calma y no hay nadie en la calle que te quiera dar un peso, cuando juntamos apenas para comer un taco de vez en cuando.

Juan José Millán Payan

Por Juan José Millán Payan

¡Oye Mario! ¡Rápido Mario!¡No es momento de hacerte el dormido!¡Despiértate Mario nos están tirando la casa! ¿Qué no oyes el ruidajo del trascabo? Rápido, por atrás, agarra lo que puedas, pero sin tardarte, hay que salir antes de que nos vean ¿Qué tal si la policía está aquí con ellos? ¡Nos van a llevar al bote! Y mira que nos habían advertido que andaban tirando casas, nomás que uno no piensa que le vaya a tocar la mala suerte de que sea su casa la tumbada. Sal tú primero, yo te sigo. Nomás cuidado, asómate antes de saltar la barda, a ver si hay algún policía. Súbete despacio, acuérdate que la casa está más alta que la calle de atrás. ¿Ves alguno?

¿Seguro que ninguno? Órale pues, bríncale ¡Voy pa abajo! ¡ouch! Estas rodillas no son lo que eran cuando recién llegamos aquí. ¿Te acuerdas? Cuando las casas de la colonia estaban nuevecitas, a un año de haberlas construido y apenas se estaban ocupando las últimas de la calle. Pero la nuestra nunca la compraron, quizá porque está al fondo de la privada y desde que se cayó la cerca de malla que separaba la privada del cerro, cualquiera entra y sale por ahí. Nosotros tuvimos que trepar el muro desde aquí mero, mira que caída, son como cuatro o cinco metros. Vámonos calle abajo, rumbo al super, a ver si nos dan algunos pesos por allá.

Otra vez vamos a tener que buscar donde dormir, esa casa nos había caído como anillo al dedo, en especial desde que se pudo subir al cerro desde la privada. Allá arriba veíamos al cuate que vende el cristal de este lado de la colonia. Me acuerdo que una vez te encontraste una cajita con colores ahí detrás de la secu, de esas como transparentes y empezaste a guardar ahí las jeringas. ¿La dejaste? Es lo de menos, esas en cualquier centro de salud te las regalan, o se piden en las campañas que hace el gobierno a veces, disque de “prevención de enfermedades”. ¿De verdad podremos ponernos peor que cuando te entra la malilla después de una semana sin picarte? No lo creo, mejor que nos regalen cristal.

De seguro habrá otro lugar como este, en las colonias de las afueras, las nuevas que apenas están acabadas. Porque en las otras, las que ya tienen tiempo de construidas, uno se encuentra puro picadero, gente que se inyecta junto a otro montón de malandros. Si cuando quisieron juntarse ahí en la casa esos 3, aquellos que nos topamos comprando, los que decían que nos regalaban un gramo, ¿Cómo te pusiste? Pues sí, como loco, rápido los mandaste a la fregada, y es que en esos grupos no se duerme a gusto. Me acuerdo que nos andaban siguiendo mientras bajábamos el cerro y tú te les echaste encima sin pensarla dos veces. Tremenda golpiza que nos pusieron nada más los dos más jóvenes, el tercero estaba muy viejo, parecía de esos viejitos bonachones que barren la calle en las mañanas. Pero qué cara puso cuando se llevó la jeringa llena de cristal al brazo, mientras sus compañeros nos golpeaban.

Acabamos dejándoles ahí mismo lo que habíamos comprado, pero está mejor así. Mejor eso que desvelarse todas las noches para andar cuidando la mochila y la caja transparente de las jeringas y la cajita metálica donde guardábamos las bolsitas de a gramo. Peor aún sería dormirse y que le rajaran a uno el cuello. Suficiente tenemos con aguantar la malilla en los tiempos malos, cuando todo se calma y no hay nadie en la calle que te quiera dar un peso, cuando juntamos apenas para comer un taco de vez en cuando. ¿Cómo vamos a andar juntandonos con otro montón de adictos? Mejor nada más andamos tú y yo. Mario y Marcos cuidándose las espaldas.

¿Ir al centro? ¿Qué vamos a ir a hacer al centro? Allá no vamos a tener donde dormir, vamos a estar en la noche bajo los portales de los changarros. Tampoco creo que debamos de ir a un refugio, ahorita han de estar todos hasta arriba de hondureños. Mejor vámonos para las colonias de las afueras. Para Natura, para el Álamo, para Villas del Campo o para Tecate. Dicen que, para allá en Tecate, a las afueras del poblado no llega la policía. Vámonos a buscar otra casa abandonada, ya verás, encontraremos otra. Siempre hay otra.


Contáctate con el autor: millanpa1cm@gmail.com

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