El artista es un migrante permanente: Gabriel Sánchez Viveros

El maestro Gabriel Sánchez Viveros nos recibe en su estudio. Está de paso en la Ciudad de México, uno de sus tres epicentros —junto a Acapulco y un rincón en Alemania al que migró, del que habla poco, pero con cariño—. 

Al escucharlo, no es difícil notar que su vida parece estar en constante movimiento. Y así transcurre la plática: en movimiento. Igual que su obra. Al fin y al cabo, esa es la esencia de la migración. El movimiento. La búsqueda

nchez Viveros lo entiende bien; él es un migrante permanente. Lo es desde que, de muy joven, conoció el mundo en las filas de Viva la Gente. Lo fue cuando pasó años en el desierto de Arabia Saudita construyendo para la familia real.

Lo es ahora, cada que crea. Porque el camino le ha enseñado que el arte es, de alguna forma muy hegeliana, una migración del espíritu. Que el artista es un migrante permanente. Que el cuerpo es, tal vez, la mejor herramienta para comunicarnos.

A continuación, compartimos la plática que LINOTIPIA, de la mano de KultPOP, tuvo con el arquitecto y artista transdisciplinario para hablar de su arte. De la nostalgia de Acapulco. De migración. De cómo ve la actualidad. Y también de su obra más reciente, a propósito del Mundial.

Estudio De Gabriel Sánchez Viveros. Fotos de David Zuriaga. (KultPop-Linotipia)

Un tema recurrente en tu obra es la migración. Todos los que migran buscan algo. ¿Tú qué encontraste en el desierto?

Yo me encontré más a mí, definitivamente. Como persona. Todos los días le doy las gracias a Dios por la vida que he vivido. Aprendes que tienes que ser resiliente todo el tiempo (…) Llegas a entender que todos los dolores que tiene cada una de las personas son importantes.  No te puedes comparar con nadie.

En México, últimamente, no hemos tratado bien a los migrantes que pasan por el país. ¿Qué tendríamos que cambiar en la narrativa del arte para que el país comprenda que debemos tratarlos mejor?

Si tu país no te puede ofrecer oportunidades de trabajo y de vida, ya está todo podrido. No es posible que la gente de Sudamérica o Centroamérica esté viniendo a México porque, México, es una esperanza; pero en donde, desde que llegan, los estás maltratando (…) No puede ser; toda esta gente está buscando algo mejor porque su país no les está ofreciendo oportunidades (…) México ya no está funcionando.

Tenemos que entender a los migrantes, tenemos que entender que todos migramos o hemos tenido una necesidad. Y si estamos en el privilegio de que estamos bien, ¿qué pasa si se cambia? Tienes la necesidad de irte a otro lado. ¿Qué vas a hacer? Te van a tratar igual que tú trataste a los otros.

En las paredes de su estudio, lo primero que destaca es su obra alusiva a los nopales. Una metáfora de la migración. Esos testigos silentes en la frontera. Las huellas de sus pies se convierten en nopales. Nopales rojos. Rojo como la sangre que se deja en su travesía, porque el caminar de los migrantes a menudo tiene espinas.

«Empiezo a hacer mis nopales sin flores. Pero luego digo: ‘a ver, espérate, ¿por qué siempre estamos hablando de la migración como un dolor? Como si fuera un castigo. Todo el mundo está migrando, siempre. Es algo que está en nuestro inconsciente colectivo; tenemos que movernos. Siempre vas a buscar algo mejor. Para mí, la migración es eso. Los migrantes están buscando algo mejor».

—¿Cómo fue la decisión de irte a Arabia Saudita? Porque no es fácil

No. Pero una cosa que tienes que hacer siempre es arriesgarte. Si quieres crecer, tienes que arriesgarte. Tienes que enfrentar los miedos (…) porque si no, no creces. Eso es básico. Es supervivencia. 

—¿Un artista que no enfrenta sus miedos es un artista?

Yo creo que sí. Yo creo que depende de cómo sea uno, cómo sea cada persona. 

—¿No hay esa necesidad de trascendencia en el arte

En mi punto de vista, sí. Pero no podría hablar por todos los demás. Porque, no sé qué es lo que esté en sus mentes y en sus corazones. A veces, ves obra que dices ‘hijoles, quién sabe qué está pasando aquí’. 

—¿En este momento, tienes miedos?

Sí, a que algo pase en nuestro país. Y no nos lo merecemos como mexicanos, no merecemos lo que estamos viviendo. Se me hace tan caradura lo que está pasando con los partidos políticos, con el gobierno en sí. Se me hace muy muy triste que hayan metido una cuña para dividirnos como una sociedad que, de alguna forma, funcionaba.

Ante este escenario, ¿los artistas mexicanos tendrían que unirse

Sería bueno. Yo creo que muchos intelectuales lo están haciendo. Cambió mucha gente que ya está harta (…) Como artistas. Como escritores. Como contadores. Como músicos. Todos podemos hacer algo para poner el grito en el cielo, ‘sabes qué, ya me harté’. 

—¿Lo podemos combatir con el arte?

Sí, el arte puede ayudar. Porque puede concientizar a la gente. Hay gente que, de repente, ve las piezas y se conecta automáticamente con algo. Tiene que ver, mucho, con la historia de cada uno de ellos. El arte puede salvar. Pero también puede ayudar a que cambies tu mentalidad.

No se queda quieto. Camina. Levanta papeles. Comparte con la cámara obras en proceso, con la complicidad de quien entiende. Nos cuenta las historias detrás de cada objeto en su espacio de creación. Nos permite entrar en su intimidad. Durante la plática, nos cuenta cómo transforma todo lo que vive en arte. Desde siempre. Porque encontró un secreto… los objetos te cuentan su vida si tienes oídos para escucharlos.

«Es algo que a mí me gusta mucho de la creatividad. Si las cosas pudieran hablarte y contarte su historia de vida —como metáfora—. Toda la serie de Trionda, geometrías en tránsito».

Cuando estuve pensando en la obra, hice estas dos piezas. Me llamó mucho la atención cómo Trionda del tetraedro pasa al triángulo, y después, dentro del mismo triángulo en la línea se pone un punto medio. El triángulo empieza a girar y queda de esta forma. Lo que es maravilloso de este balón es que sólo son cuatro gajos.

Mencionas que los objetos tienen una historia. No necesariamente todo el arte tiene ese enfoque. ¿Tú crees que los artistas tendrían que aprender primero a escuchar al objeto con el que trabajan

Definitivamente, sí. Tiene que haber una conexión del material que vas a utilizar (…) Tanto en arquitectura y diseño de interiores como en el arte, siempre estoy viendo qué. Y eso lo tomo. Me imagino qué diría o qué habrá vivido.

—¿El arte tiene que ser desde ese sesgo personal?

Mira, el arte, en mi muy particular punto de vista, es algo que a mi me gusta. A mí, me viene la idea a la mente, toda la información que está en el universo y en el metaverso me viene. Tengo la idea y empiezo a trabajarla (…) Una de las bendiciones que tengo como creativo es que estudie arquitectura, entonces, manejo volúmenes. Entonces, cuando manejas volúmenes, es más fácil estarte imaginando instalaciones. 

—¿Tienes que escuchar a los materiales?

Tienes que escuchar a los materiales. Tienes que escuchar lo que te está diciendo tu corazón y tu cerebro. Tu mente. Tienes que ver, por qué me llamó tanto la atención, el balón y el nombre de Trionda. Y, por qué lo estoy plasmando en ese cuadro, donde ves fotografías del Mundial México 86.

Yo pongo como fondo un collage de puras imágenes de un libro de México 86, y después, estoy hablando de la migración. Como (la imagen) migra de un tetraedro, se convierte en un balón, hablando de volumen. Pero, aparte, la migración. Todos los jugadores llegaron a México, porque venían de diferentes países. Es una migración (…) Cuando yo empiezo a hacer esto, me viene ¡pum! me viene a la cabeza…

Muy hegeliano, ¿no?

Sí. Haz de cuenta.

—¿Los artistas son como antenas?

Yo creo que sí. Escuchamos y vemos. Yo no estoy inventando el hilo negro. Hay mucha información en todo. Es lo que yo creo, con la energía. Lo único que haces es, si algo captó tu atención, lo jalas y lo materializas.

¿Cómo encuentras el camino para hablar de eso en el arte? ¿Cómo llevas esas emociones al arte?

Estas piezas tú las ves así y son historias (…) Les hago una pieza conmemorativa de esa tragedia. De cómo fue dañado todo Acapulco, cómo fue lastimado.  Cómo no llegó ayuda luego, luego. Cómo la ayuda que llegaba la empezaron a parar y todas las tonteras que pasaron. Ese dolor y esa nostalgia que tenemos de ese Acapulco que se ha perdido, pero que vive en los corazones. 

Vas transformando todas tus vivencias y los escenarios de tu vida, lo cual me parece muy disruptivo. ¿Cómo mantienes esa frescura? ¿Cómo sabes que algo vale la pena contar en el arte?

Es raro. Yo mando todo. Yo estoy creando. 

—¿Por qué integrar el performance en tu catálogo de expresión?

Cuando pienso en ese (concepto del) nopal, primero empiezo a hacer mi impronta. Todo esto viene de las huellas de los pies. Viene desde antes, porque hago una serie que se llama Primitivo, que es mi cuerpo desnudo —pintado de rojo impreso— en hojas de papel amate.

Y después, empiezo a hacer los pies. Luego, los nopales. Y digo, estoy haciendo esto en 2D, y me gusta en 2D como está. ¿Qué pasaría si lo hago en soft sculpture?

Toda la ropa que está (que usé en algunas piezas) es la ropa que usé en Arabia Saudita cuando estuve como migrante. Tiene todo ese recuerdo. Esa energía.

—¿Usas el performance porque piensas que el cuerpo también es una herramienta?

El cuerpo es una herramienta. Completa. Vuelvo a esto: ¿qué pasaría si el nopal ya no está fijo y puede ver? Y es entonces cuando surgen los dos trajes de nopal. Primero, hago el performance; estoy pisando el piso, lo pinto y al rato ya me lo pongo y me voy de viaje (para representar que el nopal puede caminar y se convierte en el migrante).

El cuerpo es una herramienta y una de las más fuertes para dar un statement de lo que tú quieres como artista que la gente entienda. Para mi es que la gente pueda conectarse y ser resiliente con la migración y entienda que no todo es sufrimiento.

—¿Es consciente de esta parte de querer dejar una marca en tu obra?

Todas estas piezas, si lo vas viendo, de lo fuerte que fue el color al principio se va yendo. Es lo que pasa con la vida de nosotros: nacemos, crecemos, nos desarrollamos, y al rato, nos vamos a morir. Pero algo se quedó. Algo se quedó en el corazón de la gente que está contigo. En el momento en que estás. Yo no sé si en 100 años alguien se va a acordar de mí. 

Ya que una de las principales temáticas de tu obra es la migración, ¿tú pensarías que has encontrado que el arte es una forma de migración del espíritu

Completamente. Algo está en mi mente y en mi corazón, y de repente, a través de mis manos se puede plasmar. O a través de una cámara lo puedes plasmar. O a través de un pensamiento lo puedes plasmar. Estás haciendo una migración de algo que llegó a una tercera parte que alguien más va a poder observar y lo va a interpretar de otra forma. Lo va a llevar a migrar a mundos en los que nunca ha estado.

—¿El artista es un migrante permanente?

Sí. El artista es un migrante permanente. Cada viaje, cada cosa que ves, cada información que llega a tu mente y a tu corazón se va a transformar en algo más que tú vas a plasmar.

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