De las venas a la letra

“Pienso, luego existo” es la célebre fórmula cartesiana que atraviesa todo el pensamiento de nuestro tiempo.


Imagen: «Los inteligentes cuervos desean los objetos brillantes» por Amaranta Caballero

De las venas a la letra

“Pienso, luego existo” es la célebre fórmula cartesiana que atraviesa todo el pensamiento de nuestro tiempo. Sin embargo, Descartes ignoró que, para pensar, primero se desea saber. Así, el deseo como impulso primario del pensamiento, como respuesta inmanente a la necesidad de saciar nuestras incertidumbres mortales, atraviesa no sólo nuestro pensar, sino todo cuanto es humano. La reducción no es ontológica, es erótica.

Por ello, este mes se busca abordar el tema desde diferentes campos de nuestro presente. Cada sección que se derrama en Linotipia estos días venideros indagará en cómo deseamos, por qué deseamos, qué se desea y desde dónde.

La pasión, el amor, lo filial, el nervio y su eléctrica sangre como manifestaciones máximas de nuestro deseo, serán vehículos tanto para el lector como sus autores. Esperemos, en el camino, reformulemos con el diálogo esta fuerza que nos corre por las venas, que nos punza en la carne de la existencia.  

 

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