“Nuestro Amor”

“Nuestro Amor”

Poesía / Prosa poética 

“Nuestro Amor es una cita. Célebre, de auter anónime”

“Nuestro Amor”

Por Ximena de Tavira.

a María.

NUESTRO AMOR es una cita. Célebre, de auter anónime. Nuestro amor nos posee y es nuestro, sin duda. Una cafetera vaporosa a las diez, con un minuto, de alguna nueva mañana. Un miércoles de abril, nublado. Un sofá, de preferencia cómodo. Un matrimonio de pingüinos derritiéndose al oeste de la cama. Un piso de alquiler, una persiana rota. Nuestro amor tiene las manos frías, los pies fríos, la punta de la nariz fría, pero los labios tibios y el corazón candente, la frente ardiendo, la mirada cálida. Nuestro amor sale de ronda como un viejo sin la vida  por delante. Comenta las variedades del clima, critica la frivolidad de los escaparates del barrio y alaba la jardinería de algún vecino no identificado. Se muerde los padrastros. Se rasca la cabeza con la punta de un lápiz recién afilado y escribe una nota en el aire: llueve. Colecciona cupones de descuento que olvida canjear. Cuida con mimo el consumo del agua. Pero no escatima en gastos auto compasivos (a saber, por ejemplo, néctar de arroz, chocolate negro, mermelada). De cara al planeta, es casi un caballero. Clasifica la basura sin chistar. Cede el paso, el turno, el asiento, la palabra. No sólo a las damas, cualquier barbaján, con un poco de suerte, se beneficia de ello. Lo hace con dignidad, sin servilismo. Es tan guapo nuestro amor, ligeramente asimétrico, sí, pero tan bello, que puede darse el lujo de salir sin peinarse a la calle. Y si alguien lo mira directo a los ojos, sea quien sea, nuestro amor, espontáneo y sincero, sonríe. Sonríe desde el fondo del alma, suponiendo que el alma tenga un poso subcarnal al que llamar el fondo. Nuestro amor es feliz. Se sabe tan peculiar como ordinario. No pide peras al olmo, pero si se le pilla distraído, su gesto es de buscar desesperadamente peces-globo entre las nubes. Sí, nuestro amor es como un niño, algo insolente y preguntón. Es un reloj adelantado a su tiempo, aunque parezca anticuado. No es esa clase de idilio de los boleros de Lara. Tampoco un tango sensual y sudoroso. La verdad sea dicha, nuestro amor no es precisamente del tipo Tristán e Isolda. Recuerda más a la categoría de José y Pilar o a la de Elisa y Marcela, salvando los pertinentes abismos. No le gusta alzar la voz en demasía y a veces se disculpa, inevitablemente, después de algún enérgico estornudo. Su discreción, sin embargo, no le prohibe reír a carcajadas cuando la ocasión se presta a reventar, incluso, de un manotazo la mesa. Nuestro amor, está claro, no es un osito de felpa,  no es un gran ramo de rosas. Es un caballo de fieltro, un racimo disecado cuyo nombre desconozco voluntariamente. Nuestro amor, por fortuna o desdicha, no es un crucero a la isla de tus sueños. Es un sueño en el que vamos de expedición a los pasillos de un inmenso bazar oriental, atiborrado de estimulos visuales que dañan la cornea. Compramos toda clase de maravillas a precio de explotación infantil. Dos tazas de cerámica hechas en el Antiguo Lejano Oriente, un paraguas gigante de fabricación coreana, una almohada inmunda made in Taiwan, una vela azul parida en China, sin aroma, lámparas de papel, un tubo de pegamento Henkel, tornillos, en fin, baratijas varias que hacen de nuestro amor un taller de corte y confección con cara de hostal pet friendly. Nuestro amor no consulta el periódico sino el tarot. No ve la televisión sino la ventana abierta. No sintoniza la radio porque prefiere bailar así, a secas, con el silencio de fondo. No sale de fiesta, no se maquilla. No tiene médico de cabecera. Es un atlas ilustrado de hierbas medicinales. Pasa horas involucrado en la confiable ficción de un buen libro. Lee y relee el mismo párrafo una y otra vez, como quien lame y requetelame un helado de fresas con crema. Bosteza plácidamente, se estira cuan largo es y cambia de postura para quedarse dormido, mientras el mundo gira en sentido contrario al sentido del gusto de nuestro dulce amor. No se avergüenza de su equilibrio, ¿por qué iba a hacerlo? Pero tampoco se enorgullece y razón no le falta. Eso sí, una vez al mes, aproximadamente, se siente culpable de rayar en la pureza. No, no es perfeccionista. Sencillamente es perfecto, o casi. Y esa minúscula brecha le da un toque de te quiero, nunca cambies, que lo salva de caer en celestialidades. No es que sea un chiquillo consentido. Nuestro querido amor corre peligro de enfrascarse como cualquier pantano hecho en casa. Pero quizá esa inminente amenaza lo vuelve creativo y humilde. Cada día es agua fresca para nuestro amor de hoja perene. Eso no garantiza su inmunidad ante la toxina del tedio, cierto. Nuestro lozano amor puede enfermar un día. Pero la enfermedad, confío, lo haría más sabio y más fuerte, que es más o menos lo mismo. Me atrevo a declararlo un inmortal. Una ecoaldea autosuficiente. Un modesto paraíso inmaterial. Una suave cuesta fácil de subir. Una lista de palabras no autorizadas por la irreal academia de la lengua tuerta. Una litografía de La Creación, colgada de cabeza sobre nuestro lecho. ¿Qué opinaría Miguel Ángel? Menudo escándalo, ¿eh? Pero es que así, patas arriba, la mano del padre pierde paternalismo y la del hijo, en cambio, cobra una  cierta vidilla prenatal. Lucen dispuestas a recibir, del reino de los cielos, si se quiere, lo que sea. Desde unos centimillos hasta un billete premiado de lotería nacional. Pasando por la famosa manzana de la famosa bruja de la famosa Blanca que, de tan famosa, no hace ya falta mencionar sus apellidos. Sobre decir que la escaldufa es Eva, disfrazada, so pretexto del carnaval del año en curso. Vamos, que nuestro amor no se anda con mitologías estéticas. Y punto. Pero no final, dando a entender la eternidad del aludido. Porque nuestro amor, todopudoroso, se desnuda frente al espejo de par en par y encuentra que es no finito. No macro ni micro. Carece de bordes. Es, pues, absolutamente ilimitado, a pesar de tímido. Llega a pecar de bonachón. Y aun así, no faltan las miradas santas, católicas y apostólicas que lo condenan a muerte.

Semblanza:

Ximena de Tavira. Edad: 35 / Ciudad: Santiago de Compostela, España. Desertora de la Sogem, cantautora autodidacta, clown de clóset, artesana y meditadora chilanga residente en Galicia. Miembra fundadora del colectivo internacional Las Poetas del Megáfono. Compositora y vocalista del ensamble musical mxyg. Cocreadora del proyecto artístico/activista pinche toxo. Algunas publicaciones: La morsa de Muir Beach (Astrolabio Editorial), ROPAVEJERA (Tepozsound Studio), La Sensación de Ser (Tallernautas Cartonera), Profecía de luna (Estudio Nómada Nunca Jamás), entre otras.

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