El aborto en la clandestinidad y ante los ojos del Estado

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El aborto en la clandestinidad y ante los ojos del Estado

Hablar de aborto en México significaba hablar de la clandestinidad hasta hace algunos años, cuando Ciudad de México lo despenalizó en 2007. Hasta el día de hoy, 9 de 32 estados de la República han despenalizado la interrupción del embarazo y esto permite que se sitúen clínicas especializadas en este procedimiento médico.

Sin embargo, la legalidad y la institucionalidad no es la única vía para hacer valer el derecho al aborto. La clandestinidad junto a las acompañantas han sido el pilar que sostiene a las mujeres que viven en contexto de ilegalidad, que no pueden viajar o no pueden costear una clínica especializada. 

No queda discutir que ejercer la maternidad por convicción y decidir sobre lo que se gesta en nuestro cuerpo es un derecho humano. Las mujeres y personas gestantes han abortado desde la antigüedad, incluso ante la prohibición de la religión o el Derecho.

En Tijuana, con la llegada de la primera clínica de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en el noroeste, a siete meses de la despenalización del aborto en Baja California, se dispararon los comentarios positivos sobre la accesibilidad y la seguridad de una interrupción del embarazo. Sin embargo, el aborto en clínica en el marco de la legalidad y las instituciones no es la única forma de aborto seguro.

Las acompañantas son mujeres que acuden a cursos médicos, obtienen información y generan manuales para brindarlos a toda mujer y persona gestante que deseé abortar. El aborto en casa, informado y acompañado, también es seguro.

Ahora, ¿hay ventajas con la legalización e institucionalización del aborto? Sí. Permite que, socialmente, el aborto pueda ser percibido como lo que es, un procedimiento médico. Es decir, al tener una clínica de ILE como se tienen otras para hacer exámenes de vista o cirugías estéticas, permite que se normalice el procedimiento. Además, estos lugares suelen contar con información actualizada sobre la seguridad de los procesos, y al venir de una institución médica, son mejor recibidos.

No obstante, ante la intervención del Estado y las instituciones en el tema del aborto, se abre una oportunidad para continuar con el rol paternalista e intervenir con la agencia de las mujeres; contabilizar, cuestionar, revictimizar en espacios sin perspectiva de género que por el mandato de legalidad, deban practicar los abortos.

Otro obstáculo es el costo, las clínicas especializadas suelen manejar costos a partir de los mil 800 pesos. Costos que no todas las mujeres y personas gestantes se pueden permitir; existen los subsidios pero además, habrá que evaluar la situación emocional de la persona que busca interrumpir su embarazo y si está preparada para sobrellevar un proceso burocrático de ese tipo. 

No todo es malo, hay para quienes abortar en una clínica representa mucha más seguridad y comodidad; sin embargo, son millones de experiencias, posibilidades y situaciones distintas.

Aquí es cuando entra la “clandestinidad”, que por el discurso ha sido relacionada con procedimientos insalubres, inseguros y mortales. Sin embargo, los abortos clandestinos, con la información y el acompañamiento adecuado, son tan seguros como en una clínica. 

La clandestinidad acompañada suele estar gestionada desde el feminismo, lo que implica un apoyo emocional, moral y un soporte sororo para el proceso. No hay revictimización, cuestionamientos ni procesos burocráticos. Solamente se evalúa el estado de salud de la persona embarazada y se brindan las instrucciones para comenzar el procedimientos. 

No debemos permitir que la intervención del Estado nos haga olvidar que mientras nos daban la espalda, las acompañantas ya estábamos ahí. Y seguimos. La legalidad (o ilegalidad), jamás ha sido impedimento para brindar el apoyo y la información a cualquiera que decida sobre su cuerpo y su gestación. 

El discurso no debe ir hacia: “Al fin, un lugar seguro para abortar” o “Al fin puedo abortar”, el aborto siempre ha sido una opción y una posibilidad porque con permiso del Estado o no, las mujeres y personas gestantes reclamamos la agencia sobre nuestros cuerpos y maternidades.

El discurso siempre debe ser: “Un nuevo espacio para acceder al aborto”, “una nueva opción para quienes tienen la posibilidad de cubrir los costos o trasladarse desde un contexto de ilegalidad”. 

Ahora, la despenalización del aborto no es suficiente para acabar con el estigma y la criminalización. Ya no hay delito que perseguir, sin embargo, muchas mujeres se sienten perseguidas al tomar la decisión. No es suficiente brindar el acceso, es imprescindible informar y socializar el aborto. 

El aborto no es un asesinato, no es un crimen, no es un acto de irresponsabilidad. El aborto es un derecho humano, es una decisión consciente y un acto de responsabilidad sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Las acompañantas y quienes nos dedicamos a socializar la información no debemos quitar el dedo del renglón. Debemos continuar recordándoles a todas las mujeres y personas gestantes que sin importar su edad, estatus socio-económico, causa de embarazo y razón para interrumpirlo, el aborto siempre es una opción y una posibilidad segura; que sus cuerpos y lo que se gesta en ellos siempre es una cuestión personal y nadie debe intervenir. 

Siempre hay alguien que está dispuesta a acompañarles. Sólo tienen que buscar(nos). 

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