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Cuento
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Suficiente tenemos con aguantar la malilla en los tiempos malos, cuando todo se calma y no hay nadie en la calle que te quiera dar un peso, cuando juntamos apenas para comer un taco de vez en cuando.
Después de un momento, la gota se encontró en la oscuridad absoluta y cayó dentro de un cáliz, uno tan grande como lo es el universo y tan tangible como el tiempo mismo.
Logró escuchar pasos fuertes provenientes del lado contrario de la acera, su corazón comenzó a agitarse y apretó las correas de la mochila que sujetaba con cada mano en su pecho.
“Me estuve preguntando por él. Me imaginé cómo sería de cerca e incluso qué aroma desprendería su ropa”.
“Sonrió, quizá le parecía divertido, pero a mí todo esto de la maternidad me daba vueltas, me asustaba demasiado.”
Y a él, le sangraban las manos de tanto aplauso frenético, se le rasgaba la garganta de tanto grito de asombro y se le aborrascaba la visión de tanta lágrima enamorada.
Si hubieras puesto un poco más de atención hubieras podido notar que ese hombre te estaba siguiendo, pero eso no pasó.
“La reina salió de su morada, decidida a encontrar a su hija. Dejó atrás el trono y puso al reino entero a unirse a la búsqueda. Algunos iban de pueblo en pueblo con los anuncios en mano tocando puertas y preguntando si habían visto a una joven de 16 años, de cabello color castaño, estatura de 1.57 m y que cuando se le vio por última vez traía puesto un vestido color celeste”.
“Una vez me bajé del taxi me di cuenta de que estaba oscuro y no había nadie. Me enfoqué en seguir caminando deprisa. En un momento, sentí un escalofrío y me abracé a mí misma, volteé hacia atrás y me di cuenta de que no muy lejos de mí había un hombre caminando”.
En eso, tu celular vibró. Un mensaje de tu amiga, una invitación. Lo tomaste, leíste. “¡Amiga! Te vi en el colegio hoy, no te veías muy animada… Hay que salir ¿sí?” Lo consideraste un momento, y al fin decidiste. ¿Qué cosa podría pasar?