Volver a escribir

En medio de tanta información. Víctimas de un fuego mediático graneado, uno del que no se puede escapar, porque se tiene al enemigo infiltrado en el bolsillo. ¿Para qué escribir?

En medio de tanta información. Víctimas de un fuego mediático graneado, uno del que no se puede escapar, porque se tiene al enemigo infiltrado en el bolsillo. Como un francotirador apostado que apunta directamente a la cabeza con su arma en forma de iPhone. ¿Para qué escribir? 

Más importante aún, si decides continuar y empiezas a teclear ¿quién te va a leer? Duele admitirlo, pero, fuera del llamado Círculo Rojo —que ni es circular, y lo único que tiene rojo es la nariz— nadie lee una columna periodística en estos días. Deja tú que la lean, lo que se publica no tiene mucho impacto. O por lo menos, no tiene el impacto de antes.

Para que conste que no estoy exagerando y, sobre todo, para blindarme de la respuesta automática de los malaleche que dirán: ‘no tiene impacto lo que tú publicas, porque nadie te conoce’. Propongo un ejercicio, reflexionen conmigo, ¿hace cuánto que alguien fuera del gremio periodístico le escuchan platicar lo que publicaron los Ciros, los Mauleones, los Astilleros?

No importa si hace una revelación toral para la vida pública del país o si le pone picante al contexto político. Ni siquiera tiene que ser política. Deportes. Cultura. Chismes. Da igual. Se perdió esa costumbre. Para… ¿siempre?

Ahora bien, eso nos lleva a ooootra pregunta, ¿por qué sigue siendo valioso compartir tu visión de los acontecimientos como periodista? De todas maneras, el francotirador da en el blanco cada que jala del gatillo y empieza a escrolear. 

En la era de Tik Tok, con videos de menos de un minuto, que han reducido nuestra atención promedio a segundos. Tres, máximo. Los más flojitos apenas llegan a dos. Nadie lee. Nadie presta atención. Ya ni siquiera estamos del todo presentes. Es más, posiblemente nadie llegó hasta esta línea. Ya ni modo.

Seamos sinceros, cuántas veces te ha pasado que decides ver el teléfono ‘un poco’ antes de dormir, para ‘agarrar sueño’. Y sin poder explicarlo, ya son las cuatro de la mañana y no has dormido nada. Pero, ¿en qué maldito momento viajaste en el tiempo? Si estabas viendo unos ASMR de como unos turcos limpian alfombras. No es posible. 

«¿Alguien realmente te lee? ¿Alguno llegó hasta este párrafo?«

Todos estamos inmersos en este zapping que los más veteranos conocimos en la televisión y que ha mutado hasta convertirse en un monstruo irreconocible que ha desarrollado un gusto insano por masticar dedos y que su mordida deja cicatrices en forma de síndrome del túnel carpiano. ¿Alguien realmente te lee? ¿Alguno llegó hasta este párrafo? Misterio.

Si sigues aquí. Va otra pregunta: ¿lees al menos a cinco columnistas de tu preferencia con regularidad? Sin importar el medio, la habilidad técnica que tenga para escribir o la orientación ideológica con la que perfuma sus textos. La respuesta es: NO. Así, en mayúsculas, para darle un énfasis más dramático.

Ni siquiera los columnistas más consolidados son realmente leídos, ¿o sí? Que confirmen los editores de home de los medios más prestigiosos. Con tantos recortes y recortes en todas las redacciones se vislumbra una posible respuesta. Pero, por rigor, dejemos el resultado en sus manos.

Porque una cosa es que sean consumidos y otra, muy diferente, leídos. Los colegas lo tienen muy claro. Bueno, unos cuantos. Por eso, igual escriben para diarios impresos, pero se refritean así mismos en blogs digitales, muchos de ellos creados ex profeso para alojarse en el internet. Y qué mejor que hacerlo con su nombre, ya sabes fulanitodetal.com porque esto es una marca. Marcas. Ventas. No periodismo.

Otros, más listos. O mejor asesorados, si son boomers. Se graban leyendo lo que escribieron. Por aquello de la era del podcast. Aunque no sean podcast. El chiste es alcanzar un rango diferente de audiencia, aunque no es igual. 

Especial. Ilustración hecha con IA.

Veamos.Unos tienen voces que no corresponden con la fluidez de su pluma, lo que te hace sentir estafado. Peor, otros tienen tonos vocales que no corresponden con su corpulencia, lo que les resta encanto. O carraspean por la edad. O pronuncian chistoso la ‘s’. Lo joden todo.  Algunos convierten ese minuto treinta segundos de video más en un monólogo, que puede ser muy respetable, pero de columna no tiene nada.

Y entonces, de vez en vez, igual y su texto es tendencia por algunas horas en redes sociales, pero más que estar siendo leídos están siendo consumidos. Tú dirás ‘son consumidos por la audiencia, no seas retrasado mental’. Pero, por ahí no va la cosa. No seas grosero.

Los que los consumen, casi siempre, son las granjas de bots que amplifican o disminuyen esta idea o aquella, pero sin darle valor al texto. Sino a lo que ganan o pierden con la dispersión de la idea en sí misma. Propaganda. Vil propaganda. Sin disfrutar la experiencia de leer una buena columna. 

Vaya, como si fuera comida rápida. Sin sabor. Sin nutrientes. Sin identidad. Eso. Se convirtieron todos en textos chatarra. No sería justo generalizar. Pero, digamos que es una tendencia. 

La paradoja reside en que aunque no son leídos, son consumidos. Pero, no periodísticamente como ya decía, pero me desvié un poquito. Perdón, la era del Tik Tok. Sino como una forma de alimentar narrativas políticas. En medio de un ambiente polarizado, las huestes de trolls y de fanáticos confundidos toman un texto que se acomode a su espectro ideológico y que satisfaga sus intereses para ir a la batalla digital con los de enfrente. Esos hijos de puta. 

No importa lo que diga esta columna, o lo bien escrita que esté esta otra, sino que sirve para darle en la cabeza al que piensa diferente. O siente diferente. O se ve diferente. Lo que sea más evidente o lo que me duela más. O le duela más. ¿Uso mucho el ‘o’? Sí. Disculpas. ¿O excusas? Ooohquelaaaa.

Y aún así. Hay que intentarlo. Aquí vamos. Aunque tenga el mal hábito de las muletillas. Aunque no siempre cumpla a cabalidad aquello de sujeto + verbo + predicado que los más estirados no perdonan. Como sea. Volver a escribir. ¿Alguien llegó hasta acá?

Total
0
Shares
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones Relacionadas
las locuras del emperador
Leer Más

Las locuras del gobernador

En Baja California rompieron con su relación tóxica. Le dijeron adiós al Partido Acción Nacional (PAN), para buscar la cuarta transformación. Le abrieron las puertas a la izquierda, a Morena, al Primer Sistema de Noticias, a Jaime Bonilla Valdéz y lo más rancio del PRI.